Un consejo

Os voy a dar un consejo: si tenéis un amigo con problemas de depresión y además varios intentos de suicidio…(espero que no, porque me han dicho que es jodido), ni se os ocurra contarle “curiosidades” acerca de maneras de morir, venenos, productos tóxicos, etc.

Exacto, eso es lo que me pasó a mí. Hace poco y habiendo dejado de lado mi “deseo prohibido”, un amigo me dijo (y estoy segura que de haber imaginado las consecuencias no lo habría hecho) que cierto producto, comestible además, facilísimo de conseguir y de hacer pasar inadvertido en cualquier casa, resultaba tóxico y letal en dosis muy bajas.

Me informé y sí, sabía algo acerca del asunto, pero no le dí más importancia porque no pensé que fuese tan…eficaz. Entonces ocurrió lo que debí haber impedido: al día siguiente estaba comprando grandes cantidades de “ese producto” para poder extraer lo que necesitaba y así tener mi reserva de veneno preparada para cuando no tuviese voluntad.

Es ésta la “tarea” de la que hablaba en mi post anterior y que dejé de lado unos días gracias a una oportunísima llamada de una amiga.

 

Conclusión:

Hay muchas maneras de morir pero algunas son demasiado sencillas, eficaces, rápidas y con demasiados “pluses” como para pasar desapercibidas ante los ojos de alguien que tiene un lado malvado escondido a la escucha.

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